domingo, 15 de febrero de 2015

¿QUE DICE LA NEUROCIENCIA SOBRE LAS EMOCIONES?




En primer lugar, la neurociencia demuestra que los procesos emocionales son fundamentales para la toma de decisiones en cualquier aspecto de la vida cotidiana (incluido el ámbito laboral), lo que significa que emoción y cognición no son procesos independientes sino que están íntimamente relacionados.

Es más, podemos comprobar cómo la emoción afecta a funciones tradicionalmente cognitivas, como la percepción, la memoria y la atención.
Ello quiere decir que en función de nuestro estado emocional vamos a tener un tipo de acceso a recuerdos, emisión de juicios, o selección de información siempre alineados o consistentes con ese estado emocional presente. Las emociones también implican una evaluación cognitiva del grado en que estamos consiguiendo nuestras propias metas, suponiendo también un mecanismo importante de autorregulación en la interacción social.
Podemos decir entonces que resulta improbable que exista alguna forma de “cognición pura” sin que la acompañe algún tipo de emoción.
Igualmente las emociones, por rudimentarias que puedan ser, suponen en sí mismas una forma de conocimiento (Enríquez de Valenzuela, 2011).
Por otro lado, la neurociencia apoya la existencia de diferencias entre los dos hemisferios cerebrales en cuanto a la experiencia emocional y la reactividad a estímulos emocionales positivos y negativos.

El lóbulo frontal del hemisferio derecho se encarga de mediar en las emociones “negativas”, mientras que el lóbulo frontal izquierdo media principalmente en las emociones “positivas” (Davidson, 2000).

Richard Davidson Este investigador, mediante el uso de electroencefalografía descubrió que una mayor activación de la corteza prefrontal izquierda proporcionaba una mayor respuesta a estímulos emocionales positivos y menor a estímulos negativos.
Vemos, por tanto, que la corteza cerebral (comúnmente relacionada sólo con procesos racionales) también interviene en la respuesta emocional.

Por ejemplo, ahora sabemos que la corteza orbitofrontal está implicada en la toma de decisiones sociales, siendo clave la corteza cingulada anterior (CCA) como “mecanismo de control emocional” que interacciona con la “razón” sobre cómo nos sentimos acerca de lo que está ocurriendo.


A partir de aquí, el procesamiento racional puede hacer los cambios oportunos en el comportamiento y dar instrucciones para “calmar” la emoción (ejemplo., ansiedad) si la situación no es una amenaza real.

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